Para el cultivo de los olivos se emplea la técnica de no laboreo con suelo desnudo. Esto es, que se mantiene el suelo bajo los olivos libre de malas hierbas permanentemente pero sin alterar la capa más superficial, la más rica en sustancias nutritivas y donde el olivo desarrolla sus raíces capilares por las que absorbe la mayor parte de nutrientes.

Los nutrientes necesarios se aportan a través del sistema de riego (fertirrigación) a partir de compuestos cristalinos y materia orgánica libres de cloruros  disueltos en el agua de riego y por aplicación foliar. Para ello, la finca dispone de un moderno sistema de fertirrigación a través del que se hace llegar a cada uno de los árboles las cantidades de agua y nutrientes necesarios en cada época del año en función de su estado vegetativo y del resultado de los análisis de suelo y foliares que se realizan periódicamente.

Sistema de fertirrigación
Detalle del sistema de inyección de fertilizantes

Gotero autocompensante
Detalle del sistema de riego con goteros autocompensantes

El agua de riego procede de un pozo de la propia finca y se aplica directamente a la salida de éste a través de un sistema de tubos enterrados y en superficie con goteros autocompensantes, dispositivos que proporcionan las cantidades exactas de agua necesarias en cada momento.
La recolección de las aceitunas se efectúa manualmente siguiendo la técnica de ordeño que garantiza la calidad de la aceituna, que no sufre golpes ni malos tratos en el proceso con lo que después de un también cuidadoso y rápido transporte las aceitunas llegan enteras y limpias a la almazara en donde se someten a los procesos de molturación y centrifugación para obtener un aceite de muy baja acidez (inferior a 0, 3 grados)
El conjunto de estos procesos se realiza en los meses de noviembre y diciembre, momento óptimo de maduración de las aceitunas