A pesar de que España es el primer productor de aceite de oliva del mundo no hay una verdadera cultura del aceite de oliva.
En estas páginas encontrará algunas de sus características fundamentales y los beneficios que reporta para la salud.
La CEE estableció en el reglamento 136/66 de 22 de septiembre de 1966 las denominaciones y definiciones de los aceites de oliva y de los aceites de orujo de oliva y en el reglamento 2568/91 de 11 de julio de 1991 fijó las características que definen cada tipo de aceite y estableció los métodos de análisis químico y de valoración organoléptica que se deben aplicar en toda la CEE.
Así pues, en la clasificación de un aceite de oliva hay que tener en cuenta sus características químicas y sus características organolépticas. Las primeras nos dan el nivel de calidad nutricional y terapéutica y las segundas el grado de aceptación del consumidor por su flavor (olor y sabor). De poco sirve que un aceite tenga unos magníficos índices químicos si lo que realmente percibe el consumidor, sus caracteres organolépticos, son rechazables. Ejemplo claro puede ser el aceite de hígado de bacalao, de gran interés nutricional y terapéutico pero muy desagradable al paladar.
Atendiendo a estas características, los aceites de oliva se clasifican de mayor a menor nivel de calidad de acuerdo con las denominaciones y definiciones oficiales.
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